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La Traida del Agua 2011

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11/08/2008 UNA TRAÍDA DE ANIVERSARIO

Una traída de aniversario







Baldazo. ANDRÉS CRUZ

Cuarenta años después de que su creador, Juan Peñate Suárez, hiciese de esta fiesta una de las más esperadas del verano, miles de personas llegadas de todas partes, y ya no sólo de la isla sino del mundo, se reúnen en Lomo Magullo para hacer del barrio una auténtica 'bacanal' acuática

CRISTINA LING - TELDE. Nunca Lomo Magullo había estado tan cerca de unas olimpiadas, desde que ayer la Traída del Agua puso la nota asiática tan de moda este verano. Pistolas made in China, carreras de 100 metros lisos y, para rematar, hasta una familia china con un espectacular sistema para chingar.

A las 11.00 de la mañana empezó el maratón al que según los cálculos del concejal Juan Martel, que oficiaba ayer de presidente del comité olímpico de Magullo, llegó a congregar a unas 15.000 personas.

Entre risas y fiestas los presentes empezaban a ascender por la carretera del barrio hasta el punto de salida, la plaza. Con la pistola en una mano y el carta de oro en la otra, cada vez eran menos los que estaban secos y más los que se unían a la maratón del agua. Dan las 12 del mediodía y se dispara el volador que indica la señal del comienzo de la Traída del Agua. ¡Preparados, listos, ya!

Comienza la carrera. Muchos siguieron la maratón y muchos otros prefirieron quedarse en la reserva disfrutando del desate acuático que enfrente de la iglesia se estaba viviendo. De una forma o de otra la muchachada no dejaba títere con cabeza. Objetivo: impedir que el calor del sol secase a ninguno de los competidores.

Nada ni nadie quedó a salvo, no había reglas de juego en un deporte que ayer demostró tener miles de seguidores. Ni coches, ni mayores, ni mujeres, ni niños, nadie, porque en la Traída del Agua lo primero es disfrutar y hacer que todo el mundo intervenga, ya sea con resfriado posterior por estar a remojo o con una conjuntivitis por esa maravillosa agua chocolatada que se ha colado como un colirio por los ojos.

Aquí no importa ni el cómo ni el por qué, lo único que importa es llegar a la meta lo más empapado y contentillo para bailar, chingar y volver a empezar en la plaza donde chiringuitos y música amenizan la fiesta hasta que se logra comunicar a los participantes que todo lo bueno se acaba. Menos el agua, que hasta el año que viene seguirá circulando por la acequia, hasta que alguien, de nuevo por agosto, la meta en un balde.


FUENTE:  La Provincia diario de Las Palmas