Una traída de aniversario
Baldazo. ANDRÉS CRUZ
Cuarenta
años después de que su creador, Juan Peñate Suárez, hiciese de esta
fiesta una de las más esperadas del verano, miles de personas llegadas
de todas partes, y ya no sólo de la isla sino del mundo, se reúnen en
Lomo Magullo para hacer del barrio una auténtica 'bacanal' acuática
CRISTINA LING - TELDE.
Nunca Lomo Magullo había estado tan cerca de unas olimpiadas, desde que
ayer la Traída del Agua puso la nota asiática tan de moda este verano.
Pistolas made in China, carreras de 100 metros lisos y, para rematar,
hasta una familia china con un espectacular sistema para chingar.
A las 11.00 de la mañana empezó el maratón al que según los cálculos
del concejal Juan Martel, que oficiaba ayer de presidente del comité
olímpico de Magullo, llegó a congregar a unas 15.000 personas.
Entre risas y fiestas los presentes empezaban a ascender por la
carretera del barrio hasta el punto de salida, la plaza. Con la pistola
en una mano y el carta de oro en la otra, cada vez eran menos los que
estaban secos y más los que se unían a la maratón del agua. Dan las 12
del mediodía y se dispara el volador que indica la señal del comienzo
de la Traída del Agua. ¡Preparados, listos, ya!
Comienza la carrera. Muchos siguieron la maratón y muchos otros
prefirieron quedarse en la reserva disfrutando del desate acuático que
enfrente de la iglesia se estaba viviendo. De una forma o de otra la
muchachada no dejaba títere con cabeza. Objetivo: impedir que el calor
del sol secase a ninguno de los competidores.
Nada ni nadie quedó a salvo, no había reglas de juego en un deporte que
ayer demostró tener miles de seguidores. Ni coches, ni mayores, ni
mujeres, ni niños, nadie, porque en la Traída del Agua lo primero es
disfrutar y hacer que todo el mundo intervenga, ya sea con resfriado
posterior por estar a remojo o con una conjuntivitis por esa
maravillosa agua chocolatada que se ha colado como un colirio por los
ojos.
Aquí no importa ni el cómo ni el por qué, lo único que importa es
llegar a la meta lo más empapado y contentillo para bailar, chingar y
volver a empezar en la plaza donde chiringuitos y música amenizan la
fiesta hasta que se logra comunicar a los participantes que todo lo
bueno se acaba. Menos el agua, que hasta el año que viene seguirá
circulando por la acequia, hasta que alguien, de nuevo por agosto, la
meta en un balde.
FUENTE: La Provincia diario de Las Palmas
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